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Cuando pensamos en una infección de orina, solemos imaginar bacterias, higiene íntima o incluso haber pasado frío. Sin embargo, hay un factor mucho menos conocido que también puede influir: algunos medicamentos pueden aumentar el riesgo de sufrir una infección urinaria.
Esto no significa que deban suspenderse ni que vayan a provocar una infección en todas las personas que los toman. Pero conocer esta información puede ayudarte a reconocer síntomas a tiempo y a tomar medidas preventivas.
Nuestro aparato urinario tiene varios mecanismos naturales para protegerse de las bacterias:
● El flujo continuo de la orina "arrastra" microorganismos hacia el exterior.
● La vejiga se vacía completamente al orinar.
● El sistema inmunitario detecta y elimina los gérmenes antes de que causen problemas.
Algunos medicamentos pueden alterar uno o varios de estos mecanismos de defensa, facilitando que las bacterias se multipliquen y produzcan una infección.
Imagina que la vejiga es como un vaso que debería vaciarse completamente cada vez que orinas.
Si después de ir al baño queda una cantidad importante de orina retenida, las bacterias encuentran un entorno perfecto para crecer.
Algunos medicamentos pueden favorecer esta situación:
● Ciertos antidepresivos.
● Algunos antipsicóticos.
● Medicamentos para la vejiga hiperactiva.
● Algunos antihistamínicos utilizados para la alergia.
● Algunos tratamientos para el Parkinson.
● Algunos relajantes musculares.
● Algunos opioides para el dolor.
No todas las personas desarrollarán problemas, pero el riesgo es mayor en personas mayores, hombres con próstata aumentada o pacientes con enfermedades neurológicas.
Consulta con un profesional sanitario si notas:
● Sensación de no vaciar completamente la vejiga.
● Chorro de orina débil.
● Dificultad para comenzar a orinar.
● Necesidad frecuente de ir al baño con poca cantidad de orina.
Los medicamentos inmunosupresores son esenciales para muchas enfermedades y para evitar el rechazo de órganos trasplantados.
Su función es reducir la actividad del sistema inmunitario, pero como consecuencia también disminuye la capacidad del organismo para combatir microorganismos.
Entre ellos encontramos:
● Corticoides a determinadas dosis y durante tratamientos prolongados.
● Ciclosporina.
● Azatioprina.
● Micofenolato.
● Otros inmunosupresores utilizados en enfermedades autoinmunes o trasplantes.
En estos pacientes, una infección urinaria puede aparecer con más facilidad y, en ocasiones, presentar síntomas menos evidentes.
Las piedras en el riñón o en las vías urinarias no solo producen dolor.
También pueden dificultar la salida normal de la orina, creando zonas donde las bacterias pueden acumularse y multiplicarse.
Algunos medicamentos pueden favorecer la formación de cálculos en determinadas circunstancias:
● Algunos diuréticos.
● Dosis elevadas de vitamina D o calcio.
● Algunos antiácidos.
● Algunos antibióticos.
● Determinados tratamientos utilizados en otras enfermedades específicas.
Esto no significa que los cálculos aparezcan automáticamente, pero es un factor que puede aumentar el riesgo en personas predispuestas.
Este grupo merece una mención especial porque cada vez se utiliza más.
Los llamados "gliflozinas" (dapagliflozina, empagliflozina, canagliflozina, entre otras) ayudan a controlar la diabetes haciendo que el exceso de glucosa se elimine a través de la orina.
Su mecanismo es muy eficaz y además aporta beneficios cardiovasculares y renales en muchos pacientes.
Sin embargo, existe un detalle interesante:
Cuando la orina contiene más glucosa de lo habitual, algunas bacterias y hongos encuentran un entorno más favorable para crecer.
Por este motivo, las personas que toman estos medicamentos pueden presentar con más frecuencia infecciones genitales y, en algunos casos, infecciones urinarias.
No debes suspenderla por tu cuenta.
Lo más recomendable es:
● Mantener una hidratación adecuada.
● No retrasar las ganas de orinar.
● Extremar la higiene íntima.
● Consultar rápidamente si aparecen síntomas urinarios.
Los síntomas más frecuentes son:
● Escozor o dolor al orinar.
● Necesidad urgente de ir al baño.
● Aumento de la frecuencia urinaria.
● Sensación de vaciado incompleto.
● Orina turbia o con mal olor.
Si la infección afecta a los riñones pueden aparecer:
● Fiebre.
● Dolor en la espalda o costado.
● Náuseas o vómitos.
En estos casos es importante buscar atención médica cuanto antes.
La mayoría de los medicamentos que hemos mencionado son tratamientos muy útiles y, en muchos casos, imprescindibles.
El objetivo de conocer esta información no es generar miedo, sino entender que algunos fármacos pueden modificar el funcionamiento normal de las vías urinarias y favorecer la aparición de infecciones.
Si sufres infecciones de orina recurrentes o has empezado un tratamiento nuevo y notas síntomas urinarios, coméntalo en tu farmacia o con tu médico. A veces, identificar un medicamento implicado puede ayudar a prevenir nuevos episodios y mejorar tu calidad de vida.